Consejos para principiantes de rafting

Rafting

La primera vez que me practiqué el rafting fue en el río Lunahuaná, aquí en Perú. Recuerdo claramente que el río salpicaba por todas partes, me lanzaba bofetadas de agua y me sentía como en el lomo de un toro bravío que se empeñaba en derribarme. En derribarnos en realidad. Era la primera vez que nos aventurábamos a tal faena y además de emocionante la cosa se ponía color de hormiga segundo tras segundo.

Y los gritos a veces eran de diversión y otras más bien de pánico. Teníamos a bordo dos mujeres gritando a voz en cuello más groserías que ninguno. Una de ellas delante de mí, al frente de la balsa, con su marido al lado izquierdo, concentrado en hacer su trabajo. Remando todos con furia a las órdenes del capitán que repetía: ¡izquierda atrás, atrás!. ¡Adelante, izquierda! ¡Atrás, derecha, atrás! ¡Adelante todos! ¡Intenso!, ¡intensooo! Y caíamos un metro, y el río nos bañaba por completo de adrenalina y agua fría.

Segundos más tarde la mujer delante de mí caía al agua de cabeza mientras su marido “bien, gracias”, seguía en lo suyo. La recuerdo gritando a la pobre mujer, agitando sus manos fuera del agua y yo alcanzándole al instante el remo para que se sostenga.

Para mí fue muy divertido. Y desde entonces cada vez que puedo me escapo de la ciudad para practicar el canotaje, o rafting, en los ríos de mi país.

Para los principiantes, lo mejor es ingresar a un río de categoría I y II, en las que el agua desciende rápidamente pero no existen obstáculos difíciles de pasar. En la categoría tres ya encontrarás remolinos, mayor caudal, más rapidez, pasos estrechos. Mientras que la cuarta y quinta categoría son reservadas exclusivamente para expertos.

Lo principal para hacer el rafting es tener espíritu aventurero, porque el deporte practicado en ríos de categoría II y III no implica mayores riesgos. Aunque nunca debemos estar sin nuestro equipo básico:

Casco: jamás intentes el rafting sin proteger tu cabeza, caer al río por un descuido puede lanzarte hacia una roca.

Chaleco salvavidas: es vital poder flotar en el río, poder mantener la cabeza fuera del agua.

Zapatillas: cuida que tu calzado no sea resbaladizo, sino que tenga buena fricción.

Traje de neopreno para ríos de temperaturas muy bajas.

Cuerdas: para los bordes de la balsa y de rescate.

Bomba de aire.

Algunos utilizan también un silbato, para poder avisar cuando caemos y el equipo no puede vernos.

Si caes al agua, desesperarte es lo peor que puedes hacer, basta con poner los pies al frente para que te proteja de impactos y estar atento al rescate de equipo. En un río de categoría II y III el rescate es muy sencillo, así que no hay de qué preocuparse.

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