Cabo Verde, playas de indómita belleza

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Boavista fue uno de los puertos más transitados de las islas de Cabo Verde en los siglos XVIII y XIX. Sin embargo, una parte de su litoral es agreste y rodeado por arrecifes que hacían peligrar su navegación. Hoy, parte de su costa nos ofrece una imagen insólita, la de unas playas extensas de arena fina, un mar intensamente azul y las sorprendentes siluetas de los restos de naufragios que allí se producían por decenas en aquellos siglos.

La playa de Atalanta nos permite avistar un barco embarrancado en la Costa de Boa Esperança, un amasijo de herrumbres oxidados y golpeados durante años por la fuerza del mar. El Cabo Santa María, que así se llama el barco, embarrancó en la playa en 1968 y ahí permanece hasta el día de hoy.

Cabo Verde nos ofrece playas muy similares, sobre todo en Boavista y la Isla de Sal, sus dos islas más turísticas; extensos océanos de arena procedente del Sáhara, en el cercano continente de África. Pero además, por su situación, se encuentran a merced de los vientos africanos. Estas playas son, por eso, muy valoradas por quienes gustan de practicar el windsurf y el flysurf.

Pasar un día en aquel lugar nos proporcionará una tranquilidad interior infinita. ¿Quién sabe? cada uno encuentra esa paz en los sitios más insospechados y en los momentos más inesperados, pero hacerlo sentado sobre una de las rocas con aquel mar de arena extendiéndose a nuestros pies como un manto, y aquel mar verdeazulado moteado por la espuma de las olas, y con la triste figura del Cabo Santa María como testigo mudo de nuestra experiencia no es algo que nos dejará impávidos.

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Y cuando nos decidamos a lanzarnos al mar, serán las mismas olas las que, cuando ellas quieran, dejarán que confraternicemos con ellas, acercarnos y disfrutarlas. Así es Cabo Verde, inusualmente inhóspito en su interior, pero acogedor y bello en su exterior…

Y siempre podremos cerrar el día en Sal Rei, en la misma isla de Boavista, puerto pesquero repleto de vida donde calentaremos el cuerpo con su popular “grog”, una suerte de ron local, mientras oímos hablar a los lugareños en su lengua criolla natal. O atardecer en la Isla de Sal, en Puerto de Santa María, donde los pescadores venden sus capturas diarias en los viejos pontones de madera ya ajadas.

Para llegar a Cabo Verde, archipiélago situado a 570 kms. de la costa oesta de África, lo mejor es hacerlo desde Lisboa en un vuelo de unas tres horas y media, que nos dejará en el aeropuerto de Espargos, en la Isla de Sal.

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