El todavía desconocido fondo oceánico

Pez Dragon

El océano sigue siendo nuestro gran desconocido. Se dice que a principios de los sesenta el presidente Kennedy tenía dos proyectos sobre la mesa a la hora de adjudicar la parte del león del presupuesto científico: programa espacial u oceánico. Algunos pronosticaban que en la segunda mitad del siglo XX, gracias a los avances tecnológicos, llegaría la era oceánica, pero no tuvieron en cuenta que la conquista de la Luna era más espectacular para la opinión pública (y además estaban los rusos, claro)

Pero que el fondo del mar esconde a día de hoy secretos relevantes e inesperados, eso es indudable. Los expertos consideran que de forma un tanto paradójica nuestro conocimiento del sistema solar es superior al de las profundidades del océano. De todos modos, pese a esta ignorancia oceanográfica en comparación con el enorme desarrollo de otros campos científicos, y pese a que una verdadera carrera oceánica no acaba verdaderamente de cuajar (ya no hay enfrente un rival como la URSS), progresos en los últimos cincuenta años sí los hubo.

Empezando por el descubrimiento de los animales más raros que imaginar se pudiera. La fauna que se encuentra a partir de los mil metros de profundidad es de una extravagancia asombrosa. En medio de las tinieblas, la luz a veces proviene de los propios peces. El Melanoccetus murrayi, por ejemplo, es un depredador que parece valerse de sus luminosos órganos como cebo para cazar.

También algunas especies de los llamados peces pescadores, de un aspecto diabólico por cierto, utilizan apéndices que emiten luz para atraer a sus presas (nótese que la treta es conocida en todo el reino animal, y así algunos primates se dejan seducir por los anuncios de neón que pueblan las carreteras). Entre los favoritos a ocupar el puesto de más feo destaca la anguila de saco, arrugada y bocazas, que se orienta en la oscuridad merced a unos sensores de su piel. Gracias a estos sensores, la anguila detecta las perturbaciones producidas en el agua.

Los dos descubrimientos más importantes de la oceanografía abisal, sin embargo, no están relacionados con esta fauna fantasmagórica sino con la predicción de terremotos y con las teorías acerca del origen de la vida. Desde hace años, Japón es pionero en el desarrollo de proyectos centrados en la anticipación de los movimientos sísmicos. A bordo de un sumergible de fabricación propia, los científicos del país nipón han investigado ciertas fisuras en la placa tectónica del Pacífico. Su estudio ha aportado datos esenciales en las tareas de prevención de terremotos, y son altas las esperanzas de que en un futuro próximo los desastres geológicos puedan prognosticarse con suficiente tiempo de reacción.

El segundo hallazgo tiene una relevancia más teórica. Hace cuarenta años, y corroborando de algún modo la hipótesis de la tectónica de placas, se descubrieron escapes hidrotermales en algunas simas del océano. Al estudiar estas columnas de agua caliente ricas en minerales, los científicos recabaron datos sorprendentes. En los escapes hidrotermales se alojaban poblaciones de bacterias y, lo que era todavía más sorprendente, colonias de gusanos tubulares, mejillones e incluso especies desconocidas de peces vivían en aquel remoto ecosistema. ¿Así eran también los primeros organismos que surgieron sobre nuestro planeta?

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