La playa de los Doce Apóstoles, en Australia

playa de los Doce Apóstoles, en Australia

Las costas meridionales de Australia son bañadas por las aguas de un mar agitado incesantemente y a merced de las antárticas ventiscas del sur. La erosión de las olas azuzadas por el viento ha modelado unos paisajes espectaculares, cuyo disfrute está al alcance de quien decida recorrer la Great Ocean Road, la gran carretera oceánica, en el estado australiano de Victoria.

Con todo, para visitar la mayor atracción de la zona habrá que dejar el coche a un lado: la playa de los Doce Apóstoles, una de esas postales tan singulares que se acaban convirtiendo en iconos representativos de un país.

Situados en la costa del Parque Nacional de Port Campbell, al sureste del golfo de Spencer, los Doce Apóstoles son en realidad ocho grandes promontorios o monolitos calizos que se levantan enhiestos en un desafío constante a la potencia del mar ilimitado y a los rigores de las afiladas corrientes de aire. El lugar es bello y duro, el crepúsculo se instala acompañado no de vampiros o fantasmas del más allá sino de la ácida sensación de insignificancia humana.

La mente menos romántica, más precisa, se interrogará por la capacidad de los fenómenos erosivos para modelar formas artísticas sin proponérselo. El hombre ha erigido en sus conquistas grandes monolitos, pero no hay nada que se pueda comparar a los farallones que aquí se ven. Se supone que no hace tanto incluso la mano de la naturaleza parecería más grandiosa. Los promontorios, hoy aislados de la costa, fueron antes cavernas, arcos, bóvedas, como así sucede en otras zonas del planeta, donde se habla incluso de catedrales de piedra.

Lo que impresiona en este caso son las dimensiones, el tamaño de las moles. Estas aguas, sin embargo, tienen visitantes ilustres, y no nos referimos sólo a los numerosos turistas.

Por una parte, los intrépidos surfistas tienen en buena parte de las costas australianas uno de sus más codiciados santuarios.

Por otro lado, el gran tiburón blanco merodea por toda la franja meridional de la gran isla continente a la caza de sepias gigantes, lobos marinos o delfines. Y aunque no sea tan fiero como lo pintan, la verdad es que tampoco lo pintan tan fiero como aparece en algunas fotografías.

Imprimir


Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top