Las expediciones a la Antártida

Antartida

El gran glaciar del polo Sur, continente helado por antonomasia, o sea la Antártida, cuya extensión supera ampliamente el tamaño de nuestro continente europeo (11 millones de Km cuadrados de éste frente a los 14 de aquélla), ha sido el último confín del planeta en rendirse al anhelo descubridor del hombre.

Aunque la diferencia sea más bien escasa, si la crónica oficial nos cuenta que el primero en alcanzar el polo Norte propiamente dicho (recuérdese que este polo no es continental sino que realmente se trata de un océano cubierto por grandes bloques de hielo) fue Robert Edwin Peary en abril de 1909, tuvo que pasar más de un lustro para que sucediese lo mismo en el polo Sur, de la mano del noruego Roald Amunsen.

Previamente, se considera que que fue el inglés James Cook, el célebre capitán Cook, el primer europeo en rebasar el círculo antártico. Corría el año de 1773. Medio siglo más tarde, en 1819, otro británico llamado Williams Smith descubrió las islas Shetland, que distan unos 80 km de la costa antártica. Casi al mismo tiempo, una expedición rusa se aventuraba por el círculo Antártico, mientras que Nathaniel Palmer avistaba por vez primera un trozo de tierra continental: la hoy conocida como Península de Palmer.

A lo largo de ese mismo siglo XIX, diversas expediciones iban a proporcionar, pero de forma lenta, los primeros conocimientos ciertos acerca del nuevo continente. En general son norteamericanos y sobre todo ingleses quienes llevaron la iniciativa. Así, mientras el oficial Charles Wilkes era de los primeros en aventurar la hipótesis de que la Antártida fuese una masa continental, James Weddell penetraba el mar luego bautizado con su nombre, a unos 1400 km del polo Sur.

Robert Falcon Scott avanzó todavía más, quedándose a unos 800 Km del Polo. Y ya en 1909, otro compatriota inglés estuvo cerca de coronar con éxito todas las expediciones anteriores bajo bandera de la marina de Su Majestad. Ernest Shackleton, cruzando largas extensiones de hielo, se paró cuando estaba a solamente unos 150 Km.

El incansable Scott lo intentó de nuevo. Entre finales de 1911 y principios de 1912 al fin consiguió coronar la empresa, como quien dice tocó la punta exacta del polo Sur con sus propias manos congeladas y llorando de rabia como un chiquillo….porque otro se le había adelantado por apenas 15 días. En efecto, tuvo que ser un noruego, Roald Amunsen, a quien le cupo el honor y la suerte de alcanzar el Polo un 16 de diciembre de 1911.

Por si esto no fuese suficiente, al pobre Scott y a sus hombres las cosas no le fueron nada bien en el viaje de regreso. Sobre el hielo mismo que les había negado los placeres de la gloria aquellos valerosos hombres fallecieron. Qué cruel es la historia a veces, tal que si como un tuerto nos mirase.

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