La leyenda del naufragio de los 10 veleros

memorial naufragio de los 10 veleros

Me he subido dos veces en mi vida a un barco enorme. Una vez hice un crucero por el caribe y otra me lancé a cruzar rumbo a hacia Usuahia, en Argentina. Los barcos tan grandes siempre me han transmitido seguridad (a pesar de haber visto Titanic varias veces), pero el primer cruce del estrecho de Magallanes en ferry prefiero olvidarlo porque aunque el ferry era grande el mar estaba tan embravecido que se movía como si apenas fuera una cáscara de nuez. Entonces, ¿os imagináis cómo debían moverse los antiguos barcos de madera y mástiles?

Dios mío, ¡qué épocas aquellas! Cruzar el Atlántico a bordo de esos barquitos… Bueno, era el medio de transporte de la época pero aunque iban y venían las tormentas y los arrecifes invisibles podían dejarlos en lo profundo del mar. Bien, eso es lo que le pasó al Cordelia, una elegante nave mercante en las costas de la isla de Gran Caimán hace algunos siglos.

A esta tragedia marítima se la conoce con el nombre de Naufragio de los diez veleros. Según la historia e investigaciones recientes tal vez algo coloridas o retocadas, el Cordelia era una nave grande que formaba parte de una flota, de un convoy de más naves mercantes, que navegaba en el extremo este de la isla Gran Caimán partiendo de la isla rumbo a Inglaterra.

naufragio de los 10 veleros

Corría el año 1794, 8 de febrero, y digamos que si bien los marinos sabían que había arrecifes de corales bordeando muchas de las islas del caribe en ocasiones no los veían y no los podían evitar, así que eso fue lo que le pasó al Cordelia. Se clavó de lleno en un arrecife coralino y trató de advertirle al resto de la flota que no siguiera por ese camino pero sus señales no se entendieron y entonces uno a uno los diez barcos fueron encallando en el arrecife.

La gente que vivía en esta parte de Gran Caimán cogió sus botes y salió al rescate logrando rescatar con vida a todos los tripulantes y pasajeros de los diez botes, un gesto que después el mismísimo rey Eduardo III reconoció en un acta. Dice la leyenda que el gesto real fue liberar Gran Caimán de los impuestos o liberarla de la conscripción obligatoria, pero al día de hoy no está claro si algo de esto sucedió.

Hoy, si te acercas a esta parte de la isla verás que frente a la costa hay un memorial de piedra con una placa recordatoria y si te zambulles, pues quedan algunos restos de esta gran tragedia marítima en el Caribe.

Foto 1: vía DRheins

Foto 2: vía Amy

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