El Mediterráneo, un mar de historias

Mediterraneo

Yo… que en la piel tengo el sabor/ amargo del llanto eterno/ que han vertido en ti cien pueblos/ de Algeciras a Estambul/ para que pintes de azul/ sus largas noches de invierno. Así cantó Serrat al mar con más historia del planeta: el Mediterráneo.

El Mediterráneo, ese mar en medio de las tierras, mare nostrum, el más grande de todos los mares interiores, infinitas veces navegado por fenicios, griegos y romanos, escenario mitológico de las penalidades de Ulisesen su regreso a Ítaca, utilizado por Atenas para levantar un imperio, convertido por Augusto en la charca de Roma…a ti, oh Mediterráneo, merecidamente te dedicamos hoy toda nuestra atención.

Lo hacemos conscientes de que no vives tu mejor momento. Tanta historia no está exenta de consecuencias, algunas graves. Desde siempre han estado habitadas tus riberas y las gentes, “desde Algeciras a Estambul” se han servido de ti como estercolero, como exutorio, como alcantarilla.

Mientras te limitaste a recibir restos orgánicos fuiste lidiando, mal que bien, con tu destino. Pero luego llegaron los residuos industriales, los ríos contaminados que apenas te aportan el caudal necesario, los derrames de petróleo, los pesticidas vertidos al mar, la sobrepesca, el urbanismo desbocado, el calentamiento global…es lo que tiene vivir al lado del territorio que más tempranamente civilizó el hombre: la vieja Europa.

El Mediterráneo, amigos, es un mar fascinante, de fisonomía mutante, no siempre tan luminosa y alegre como parece. Hemos visto tantas veces su costa, su perfil, su rostro ajado, que tal vez ya no nos conmueve. Pero reconozcámoslo: el Mediterráneo, ese mar azulclarocasiverde a veces, verdeoscurocasiañil otras es una de las zonas más hermosas de la Tierra (pese a los desfalcos del hombre).

Algunos y curiosos datos. Su nivel de salinidad es elevado y sus mareas leves. Se considera un mar interior aunque, como sabemos, tiene una salida: el estrecho de Gibraltar. Representa su contacto con el océano Atlántico y la transfusión que recibe de éste es de vital importancia para el Mare Nostrum.

Sin ella estaría condenado a la desaparición pues los ríos que desembocan en el Mediterráneo no suplen la cantidad de agua que se evapora. Si el estrecho se cerrase, pues, el Mediterráneo desaparecería…¡y eso es lo que muchos científicos creen que sucederá! Por fortuna, nadie estará aquí para contemplarlo.

Estamos hablando de una superficie de 2’5 millones de kilómetros cuadrados. Unos 4000 kilómetros en su eje máximo (de este a oeste) y casi mil en la vertical. Una profundidad media que casi alcanza 1’5 km, aunque la máxima supera los 5 kilómetros (en la fosa de Matapán, Grecia). En total, suma casi 50000 kilómetros de costa.

Son cifras importantes. Además, el Mediterráneo contiene otros 14 mares (si hemos contado bien), entre los que destacan el Adriático, el Tirreno o el Egeo. Por su parte, de entre las miles de islas que lo pueblan es difícil quedarse con unas cuantas. Las más grandes son, por este orden, Sicilia, Cerdeña, Chipre, Córcega y Creta. Mallorca ocupa la séptima posición.

Este entorno tan maravilloso conforma, repetimos, un ecosistema terriblemente castigado. Sus recursos pesqueros se resienten de milenios de explotación. La captura de ciertas especies de peces, y de tortugas, tal vez explique la proliferación de las medusas, una de sus mayores amenazas. Por favor, cuidemos del mar que ha mantenido unidos a los pueblos de Europa más que ninguna otra cosa. Incluso para quienes vivimos al lado del Atlántico, el Mediterráneo nunca nos ha sido un extraño sino, más bien, una especie de abuelo al que debemos buena parte de la herencia de nuestro padre océano.

Foto vía: anossaescola

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