El Salar de Atacama y la Laguna Cejar

Laguna Cejar

Existen en nuestro planeta varios ejemplos de lagunas muy saladas siendo quizá el ejemplo más conocido el del Mar Muerto, que baña las costas de Palestina, Israel y Jordania. Hoy nos desplazaremos hasta el Salar de Atacama (Chile), a unos 20 km de San Pedro de Atacama y a nada menos que 2.300 metros sobre el nivel del mar, y tiene una extensión aproximada de 3.000 km2. Por sus dimensiones está considerada como la tercera salina más grande del mundo, sólo superada por los salares de Uyuni con más de 10.500 km2 (en Bolivia) y por las Salinas Grandes con unos 6.000 km2 (en Argentina).

El Salar de Atacama, cuya cantidad de litio es tal que representa un 25% del total en reserva en nuestro planeta, es el lugar donde encontramos varios ejemplos de estos lagos de alta salinidad: dos pequeñas lagunas de forma redondeada llamadas los “Ojos del Salar”, la Laguna “Tebinquiche” y la que nos ocupa hoy, la Laguna Cejar.

Situada en un entorno volcánico de gran belleza (aunque también inhóspita) ofrece también un hermoso espectáculo con sus aguas entre verde y turquesa, y no son pocos quienes después de un relajante baño en sus aguas permanecen para disfrutar de una puesta de Sol. La elevada cantidad de sal de la Laguna Cejar nos permite flotar con mucha mayor facilidad en sus aguas, y sus propiedades para la piel (debido a la elevada cantidad de sodio y litio) las convierten también en reclamo para visitantes. Entre las recomendaciones que se hacen a los visitantes están las de conservar las sandalias para entrar y salir del agua, para evitar cortes con los cristales de sal, y no abrir los ojos bajo el agua.

Tal cantidad de sal proviene de la erosión en las rocas del suelo producida por la lluvia, que poco a poco va disolviendo las sales minerales y las deposita en el salar. Cuando el agua se evapora debido a las elevadas temperaturas del desierto la sal permanece en el suelo, acumulándose lentamente año tras año. Una consecuencia de tal salinidad es la acusada sequedad del aire, lo que provoca una mayor visibilidad en el horizonte.

Aunque pueda parecer que esta región está exenta de vida animal esto no es así, ya que el Salar de Atacama cuenta con la Reserva Natural de Los Flamencos, siendo también hogar de patos, guayatas y otras aves, así como a varias especies de mamíferos como las llamas, las vicuñas y los guanacos.

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