Hablando sobre sedimentos marinos

La flecha del rompido

La naturaleza crea y destruye, forma y deforma. Los procesos tanto de erosión como de construcción suelen ser lentos, eternos desde la perspectiva diminuta de una vida humana. Sin embargo, en lo que respecta a su pars destruens la naturaleza también tiene su lado hollywoodiense, espectacular. Terremotos, volcanes, ciclones y otros fenómenos del estilo nos hacen olvidar que detrás de estos accesos histriónicos, a lo largo y ancho del planeta se lleva a cabo un silencioso y anónimo trabajo de creación. Como nuestro universo no es sino el marino, hoy toca hablar de la acción sedimentaria de los oceános.

Esta acción a través de sedimentos permite un modelado natural y continuo del paisaje. Las acumulaciones de material causados por el agente marino son depósitos sedimentarios, que olas, mareas y corrientes arrastran. Pero sólo en zonas bajas y tranquilas de la costa es posible la formación duradera de los sedimentos marinos. Porque accidentes geológicos como las playas son eso, accidentales y sensibles a los cambios de humor del poderoso océano o de las volubles corrientes de aire. Ni que decir tiene que las prácticas humanas son el mayor peligro que en muchos casos les acechan.

Un breve repaso por los tipos posibles de sedimentación nos llevaría a destacar los siguientes:

Las playas, sin duda el fenómeno más conocido y popular. En términos generales, las playas son depósitos de arena en la misma línea de costa. ¿Y de dónde sale la arena? Frecuentemente de rocas erosionadas de las proximidades, aunque también está formada por partículas procedentes de la fragmentación de las conchas de moluscos acumuladas en los fondos marinos.

Un tómbolo es un depósito que une un trozo de tierra, un islote, con el resto de la costa.

Una barra litoral es un depósito o cúmulo de arenas, de forma alargado y lineal, por lo común paralelo a la costa.

Cuando una barra litoral tiene un apéndice de tierra que lo mantiene unido a la costa, entonces se suele hablar de flecha. Si el brazo de la flecha crece lo suficiente como para unirse con la costa por su extremo libre, tenemos ya una albufera, una laguna de agua salada formada a partir de una barra o flecha que cierra una bahía.

El Mediterráneo español, por sus características geológicas y climáticas, es una zona rica en sedimentaciones marinas. Al mismo tiempo, su condición de mar familiar y domesticado desde antiguo ha significado una pérdida importante de este patrimonio natural. En cualquier caso, ejemplo de tómbolo lo tenemos en Peñíscola. En Huelva, la Flecha del Rompido es sin duda una de las más hermosas. Y de la albufera de Valencia, tan conocida, poco hay que decir. Playas, afortunadamente, las hay en casi todas las regiones del planeta, por lo que dejamos a nuestros lectores elegir por ellos mismos.

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