Defensores y detractores de los delfinarios

Delfines

Si nos preguntasen a bote pronto qué animales ocupan los primeros puestos de nuestra simpatía, seguro que muchos de nosotros incluiría en su respuesta a los delfines. Porque los delfines se nos muestran sociales, sonrientes, graciosos. Además, debido a su gran cerebro los científicos los han reconocido con el título de animales más inteligentes, en reñida rivalidad con los primates.

Sin embargo, inteligencia y cordialidad han tenido consecuencias no del todo agradables para los propios delfines, al menos para algunos de ellos. Su capacidad para seguir los espectáculos circenses diseñados por el hombre ha supuesto que muchos delfines se vean recluidos en delfinarios, para disfrute de niños y familias.

España cuenta con varios delfinarios de grandes dimensiones. Madrid, Cadaqués, Palma, Barcelona o Tenerife son de las ciudades que poseen tales recintos. Se intenta en la medida de lo posible reproducir las características del océano, en un intento de que los cetáceos se sientan «como en casa». Incluso desde hace años se tiende a instalar los delfinarios en las mismas aguas marinas. Pero en última instancia, el cerco le recuerda a los delfines su cautividad.

Hay asociaciones e iniciativas que vienen sistemáticamente reclamando el cierre de los delfinarios. Una de las últimas voces en unirse ha sido la del Proyecto Gran Simio. Consideran que los delfines deben gozar de la inmensidad del océano, y no de espacios reducidos. De hecho, se ha constatado una transformación en el carácter de los delfines en cautividad con el paso de los años. Al envejecer, algunos se vuelven más agresivos.

Una de las razones argüidas por los defensores de los delfinarios es la utilidad terapéutica de los delfines. Para personas que sufren minusvalías el contacto en la piscina con estos cordiales animales puede suponer una experiencia beneficiosa. Sin embargo, psicólogos y terapeutas también añaden que no se puede generalizar. No todas las personas reaccionan de la misma manera y, en cualquier caso, la relación más duradera con los animales usuales de compañía, tales los perros y los gatos, es en ocasiones bastante más efectiva.

Como fuera que fuese, topamos aquí con los dilemas de siempre. ¿Podemos utilizar los recursos naturales o disponer de la vida de otras especies como nos salga de las narices, o por el contrario habrá de reconocer, si no unos derechos universales del animal, sí al menos unas líneas rojas que bajo ningún concepto se deban traspasar? Está claro que los animales no son máquinas, pero no es tan evidente que el hombre no sea un villano.

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9 comentarios

  1. alguien dice:

    odio a dinamarca

  2. maria rojas dice:

    es imposible creer como un ser humano tiene corazon para hacer esta matanza….x favor hagamos algo,esto se tiene que termirar….me encantan los delfines.

  3. JOSE lUIS dice:

    odio a los asesinos de delfines y a los asesinos de qualquier animal. ya hay leyes al respecoto, aplicarlas

  4. patty dice:

    En el peru, especificamente en tumbes hay una empresa petrolera que esta matando delfines, la empresa se llama bpz por favor ayudenos pa defenderlos SOS.

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