Cables transocéanicos, cruzando el mar

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Hoy en día se habla de la contaminación visual y de cómo los centros de las ciudades son telarañas de cables de todo tamaño, grosor y color. Basta alzar la mirada un día cualquiera para descubrir un poste que parece estar siendo tragado por un alien de cables y eso sucede al mismo tiempo que las nuevas tecnologías permiten la comunicación inalámbrica. Pero parece que a nuestra sociedad aún le queda cable para rato y no solo en la superficie sino también en los océanos.

¿Habéis oído hablar de los cables transocéanicos? Bueno, son esos enormes cables que cruzan los mares uniendo los continentes. Y no, no son cosa del pasado. Desde la creación del telégrafo se hizo evidente que había que conectar el planeta sin importan las distancias o los mares y los cables eran la mejor opción porque nadie podía mandar un satélite al cielo en el siglo XIX.

Corría el año 1854 y se habían unido un ingeniero inglés de apellido Gisborne y un joven acaudalado llamado Cyrus W. Field. Ambos querían unir por cable Nueva York y el extremo este de América, pero el joven Field soñaba un poco más ya ya quería tender un cable transocéanico entre Terranova e Irlanda. Y así fue.

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Impresiona saber que bajo las aguas hay una maraña de cables gigantesca pues siempre que pensamos en comunicaciones nos imaginamos satélites, pero hoy en día sigue siendo más barato tender un cable transocéanico que llevar un satélite al cielo así que los cables siguen tendiéndose.

La red principal sale de Japón, Europa y los Estados Unidos, y como vemos África apenas tiene alguno.¿Y cómo hacen los cables para no mojarse? Bueno, poco después de la invención del telégrafo se descubrió una especie de goma similar al caucho, sólida, flexible y traslucida, a base de látex, llamada gutapercha. En una palabra, un excelente aislante.

Pero bien, que en lugar de mirar tanto el cielo como si allí arriba estuviera nuestro presente tecnológico debemos mirar más las aguas que bañan las costas de nuestros países pues por debajo de ellas corre todo el extenso cableado internacional que hace que hoy en día funcione Internet y el teléfono, o por lo menos gran parte de estos sistemas.

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