Orcas, las conocidas como ballenas asesinas

La orca comparte con el hombre muchos aspectos comunes, más allá de la mutua condición de mamíferos. Ambos están en la cúspide de la cadena alimenticia, ambos se extienden a lo largo y ancho del planeta, ambos son dos superdepredadores, y ambos hacen de su inteligencia, es decir, de su capacidad para socializarse, el principal recurso cuando llega la hora de la caza.

Claro que el hombre, animal débil e insignificante al nacer, nunca tuvo alternativa. Las orcas, en cambio, son máquinas perfectas con una potencia extraordinaria que les permite, entre otras cosas, alcanzar velocidades estratostéricas para lo que se acostumbra en los océanos (¡60 Km/h!), y que las sitúan en el podio de las pruebas de velocidad marinas.

Son animales fabulosos, las orcas. Se les llama ballenas asesinas, lo cual no parece un apodo muy adecuado para hacer amigos. Pero respecto al registro de ataques de orcas a hombres, podríamos decir lo que aquel gran humorista acerca de la afición por los toros en Galicia: hay un seguidor en Monforte y se sospecha de otro en Pontedeume. Pues eso, hay más probabilidades de que un delfín, un perro o un canario muerda a un hombre de que lo haga una orca. Diremos: es más probable que un hombre muerda a otro hombre que lo haga una orca.

Esto no quiere decir que las orcas sean unas monjitas de la naturaleza. Bajo ese aspecto entrañable y que inspira confianza, el dorso negro, la panza blanca, franjas níveas también en la cabeza (¿por que el blanco y el negro dan a los animales esa apariencia tan bonachona?. Piénsese sin ir más lejos en el oso panda), las orcas son armas de matar, no sujetas a que ellas mismas puedan ser presas de nadie.

Se alimentan de todo lo que se menea, que diría un sagaz periodista televisivo con su característica exquisitez. Aves y tortugas, peces y focas, osos polares si hay suerte, e incluso tiburones y otros cetáceos. Su paladar no parece muy exquisito, es cierto, ya que no establece discriminación alguna. Pero también en eso, atentos lectores, descubriréis una semejanza con la especie humana, que desde Tailandia hasta Canadá, y desde Sudáfrica hasta Noruega, tiene una dieta para nada monótona, engulliendo ya insectos o caracoles, ya legumbres, carnes y cereales.

Las orcas no son animales para la cautividad. Se ponen triste, se mueren. La aleta dorsal se les cae flácida,  hecho inaudito y estupefaciente. Sin embargo, también alguna de ellas ha probado fortuna en el celuloide. Keiko se convirtió en una estrella rutilante tras su papel en Liberad a Willy. En este punto, y para finalizar, dos acuciantes preguntas parecen además muy pertinentes: ¿tiene Willy una estrella en el bulevar de la fama? Y sobre todo ¿los machos de las orcas son orcos? Buenas tardes, y hasta mañana.

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