La química del agua

Molecula de Agua

Planeta azul llamamos a la Tierra. Es el océano lo que nos hizo distintos. Simplemente, lo que nos hizo. Tal vez haya habido agua en Marte hace millones de años. Posiblemente haya trazas de agua congelada en la Luna, en otros planetas, en otros satélites. Pero, a día de hoy, lo único seguro es que agua, verdadera agua, sólo la hay en este minúsculo punto de la galaxia.

El océano, pues, fuente de vida, Cuántas veces lo hemos repetido. Es ya una frase vacía, banal. Por eso hay que rescatarla en su sentido originario, recordar todo lo que significa. Lo curioso es que este milagro para nosotros cotidiano sea tan poco glamouroso. La química nos dice: una molécula de agua no es más que la unión de dos átomos de hidrógeno con uno de oxígeno.

Esa unión forma una molécula en forma de V. En otras palabras, la molécula de agua es bipolar, asimétrica. Pero lo es desde siempre, desde mucho antes por cierto de que se pusiesen de moda los trastornos bipolares. La bipolaridad del agua no es un trastorno, es una bendición.

De ella dependen gran parte de las características del océano. El océano se mantiene unido gracias a ella. El «brazo» de hidrógeno de la molécula está cargado positivamente. Así atrae al extremo negativo del oxígeno de otra molécula contigua. Pero hay más: el enlace de hidrógeno provoca una tensión superficial, una película invisible que favorece la flotabilidad de los objetos más pesados que la propia agua.

Se define la viscosidad como la cantidad de fuerza para romper las moléculas de un líquido. Pues bien, el enlae de hidrógeno determina la viscosidad del agua, que permite a las criaturas flotar como les dificulta su desplazamiento. De aquí la extraordinaria morfología de las especies marinas: son respuestas biológicas al reto conjunto de la resistencia, la densidad y la viscosidad que posee el océano.

Todavía hay más: el enlace de hidrógeno también es responsable de la capacidad calorífica del agua. Esto significa que para romper el enlace es menester una gran cantidad de energía. Este hecho no es baladí: hace de los mares el más importante elemento regulador del clima.

La relación entre la temperatura y la densidad del agua tal vez sea lo más curioso y característico. Cuando un líquido se enfría suele ganar en densidad. El agua no es una excepción…hasta los 4º. A partir de entonces el agua se hace menos densa. Sucede que se crean moléculas en forma de cristales hexaédricos. Éstos ocupan más espacio que las moléculas de agua lo que significa que el hielo flote en agua líquida al ser menos densa.

¿Qué quiere decir eso? Pues que el agua dulce, al contrario de la mayoría de los líquidos, se congela de arriba abajo. ¿Y el agua salada? También, pero hay un matiz: su temperatura de congelación es más baja debido a las sales. Por esta razón, el agua profunda de los océanos apenas se congela en puntos concretos de los polos. Si el agua se comportase como otros líquidos, los océanos polares serían bloques de hielo, y toda la vida que los habita sería imposible.

Un dato final respecto a las sales marinas. Se calcula que cada kilómetro cúbico del océano contiene unos 40 millones de tonelada de sal. La temperatura influye en la salinidad de un mar. Si éste es más frío o más cálido de lo normal, su nivel salino también lo sera. Ocurre que cuando se evapora y cuando se congela, las sales permanecen. Por eso, aguas cálidas como las del mar Muerto o las del mar Rojo y aguas frías como las de los polos, poseen mayores concentraciones de sal.

Así que si hacéis un crucero por la Antártida y naufragáis, cuidado con lo que se bebe. No sea peor el remedio que la enfermedad.

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