La gran mancha del Pacífico

Mancha basura en el Pacifico

No se trata de moralizar al respecto (perniciosa costumbre heredada de otros tiempos), pero pasan los años y sigue asombrando la capacidad de los media para fijar la agenda del hombre de la calle. Su majestad la reina es la televisión. Pero, en mayor o menor medida, tertulias de radio, programas del corazón, o abyectos tabloides que se presentan como periódicos serios pero que, paradiando a Neruda, hasta un tabloide inglés despreciaría, perfilan la personalidad del hombre moderno.

Es cierto que desde hace un par de años un problema medioambiental se codea, todavía en desigualdad de condiciones, con los grandes «temas» de la actualidad: el cambio climático (lo que debería llevarnos a una inquietante cuestión: ¿por qué ahora sí ya hace apenas diez años no? No se nos confunda…por supuesto que aplaudimos esta nueva sensibilidad, pero ¿a qué se debe esta atención de los medios cuando los científicos vienen diciendo lo mismo desde hace años?).

En cualquier caso, no es suficiente. Un ejemplo que clama al cielo y que nos corresponde tratar en este espacio: el vertedero que crece en el Pacífico. Resulta que cada día se escupen o se escriben centenares de miles de noticias (es como si viviésemos dentro de un noticiario perpetuo…alguno lo definiría de NO-DO virtual) ¿cuántas de ellas nos recuerdan las vilezas cometidas contra la Casa Común, más allá de aislados relinches apocalípticos sobre deshielo en los polos (lo que interesa no es el drama de la Tierra sino los placeres de liberar una libido de la catástrofe)?

La «gran mancha» fue descubierta en 1997 por Charles Moore, otrora niño de papá y heredero de la industria petrolífera, según se dice, y hoy oceanógrafo y convencido defensor de los océanos. Millones de toneladas de basura circulan entre las costa de California y de Japón. Más que como una costra endurecida o asqueroso lunar sobre la superficie del Pacífico, como una sopa de plástico de la que periódicamente se desprenden emulsiones que van a parar a diferentes islas.

Este vertedero flotante (en realidad son dos), manifiesto performativo de un capitalismo dadaísta por sus bizarros componentes (cepillos de dientes, balones, botes de champú, pero sobre todo bolsas), sexto continente de plástico, tiene vida: se mueve, cambia de dirección, aumenta su tamaño. Algunos hablan ya de dos veces la extensión de EEUU… ¿qué pasa con nosotros, tíos, que nadie hace nada?

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