Consecuencias de las tormentas del Pacífico norte

Ya sabíamos que las mareas en general son un fenómeno complejo. También que el planeta en su conjunto y las grandes masas de agua que llamamos océanos en particular, conforman delicados equilibrios en los que interaccionan elementos diversos que apenas vamos conociendo. Lo último es una investigación que relaciona grandes olas sobre las costa oeste de América y ruptura de los hielos antárticos.

Nos referimos a un trabajo de Peter Bromirski publicado en una revista científica, pero del que hacían eco algunos medios generalistas en las últimas semanas. En realidad, el estudio revela que la cantidad natural de estrés al que los hielos polares (en este caso la Antártida) son sometidos sobrepasa de largo los niveles en los que la visita la psicoanalista se hace recomendable. Pero… ¿estrés natural? Maticemos.

Bromirski especula (aportando datos y rigor) con la posibilidad de que las tormentas originadas en el Pacífico norte provoquen un intenso oleaje que va a romper a la costa oeste del Pacífico, desde América del Norte a Sudamérica, momento en el cual se desata una energía, verdaderos microseísmos, capaz de afectar las masas de hielo.

En el océano, esta energía generada se transmitiría en forma de ondas infragravedad o infragravitatorias. Según Bromirski, estas olas que viajan hacia el sur podrían representar «un agente mecánico clave que contribuye a la producción y/o ampliación de las zonas de grietas en las plataformas de hielo».

La investigación, todavía en ciernes, aporta interesantes conclusiones. Por ejemplo, detecta que los episodios de desprendimiento de hielo sufridos en 2008 por la plataforma Wilkins coincidieron con la llegada probable, según los cálculos del estudios, de frentes de tales ondas infragravitatorias.

Sabemos lo que os estaréis preguntando: ¿está libre el hombre de responsabilidad en el fenómeno? La respuesta es muy sencilla. En último término, las tormentas del Pacífico son el principal agente causante de todo lo que se sucede a continuación. Por lo tanto, más cantidad e intensidad de tormentas implicarán mayores oleajes y, en definitiva, más ondas infragravitatorias golpeando la Antártida.

Así que, si la teoría es cierta, la pregunta anterior se resuelve con otra: ¿hay una mano humana detrás del aumento de temporales, tormentas, ciclones, tempestades y huracanes que desde hace algún tiempo parecen cebarse con nuestro planeta? Tampoco esta respuesta es sencilla, pero cuando el río suena…

Foto vía: flickr

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