El lago Vostok y sus misterios

lago Vostok

La temperatura más baja jamás registrada en nuestro planeta es de -89ºC, recogida un 21 de julio de 1983… ¿Julio? Ah, sí. Como seguro ya habíais imaginado, el registro corresponde a un punto céntrico de la Antártida, en el hemisferio sur, por lo tanto donde el invierno comienza a finales de junio.

En ese punto perdido en medio de las soledades antárticas se halla la estación investigadora más remota de la Tierra, en principio bajo bandera rusa aunque a día de hoy abierta a diferentes países. La Unión Soviética se arruinó por intentar competir en una división de superpotencias (en la que sólo jugaban dos equipos) que le venía tal vez demasiado grande.

Pero antes del colapso hay que reconocerle cierta audacia a la hora de acometer empresas científicas. En el caso de la carrera espacial, por ejemplo, su tecnología rudimentaria, simple, barata y nada barroca, le llevó la delantera durante años a la sofisticada estructura americana, mantenida a fuer de presupuestos mastodónicos.

Volviendo a la Antártida, la base se llama Vostok (Este). La fundaron los soviéticos, pues, en fecha tan temprana como 1957, valiéndose de grandes máquinas con las que avanzaron por el hielo antártico. Se encuentra a más de 3 kilómetros por encima del nivel del mar, en la que pasa por ser la zona más inhóspitas y dura (al menos la más fría) de nuestro planeta.

Me diréis: ¿qué tiene que ver este tema, interesante sin duda, de la base rusa Vostok con el universo marino? Perdonad el rodeo, pero era necesario. Resulta que los rusos decidieron, en 1957, levantar su campamento en el entorno o a las orillas de un antiguo lago helado. Que sepamos, por azar. Sólo años después se dieron cuenta.

Pero ese descubrimiento no fue nada con lo que se supo más tarde: varios miles de metros por debajo de la estación, por debajo del hielo que cubre la superficie de toda la Antártida, existía un lago, con agua líquida por supuesto, de un tamaño considerable: 250×50 kilómetros.

A partir de aquí, a partir del momento en que se confirmaron las teorías que suponían su existencia (lo cual sucedió en 1996) la historia del lago Vostok (así lo bautizaron, con el nombre de la base) fue adquiriendo tintes fascinantes que han acabado por hacer de él uno de los grandes protagonistas de la investigación científica de nuestros días. ¿Por qué?

Porque representa un ecosistema único por su aislamiento. El lago es como una enorme selva virgen no mancillada todavía por el hombre, selva que llevase millones de años en una especie de cápsula impermeable.

Se cree que el lago ha permanecido sin contacto atmosférico desde hace millones de años y que la temperatura de sus aguas es de unos 3 grados bajo cero. La presión, que se supone de 360 atmósferas, sería la responsable de que las aguas no se congelasen. Al mismo tiempo, se estima que la concentración de oxígeno del lago es varias veces superior a la que hallamos en la superficie terrestre.

Ahora bien, el hecho de que el lago Vostok lleve tanto tiempo “ensimismado”, aislado del resto del planeta, ha suscitado el vuelo libre de la especulación. Hay quien cree que la vida en tales condiciones sería imposible, mientras que para algunos existe la posibilidad real de que toda una ramificación evolutiva a la manera de microorganismos, sí, pero acaso también en forma de seres superiores o hasta inteligentes (¿estarán allí los atlantes?) se haya desplegado en ese lago sub-glacial.

Los rusos, junto con franceses y americanos, han excavado los 3500 metros de hielo que tienen bajo sus pies. Piensan que se han quedado a uno 80-100 metros del lago. ¿A qué se debe el impasse?

En las muestras de hielo recogidas a mayor profundidad se han descubierto bacterias y restos de microbios. Enseguida se desató una polémica: ¿era la señal de que el lago estaba habitado, o se trataba de elementos ajenos, introyectados por los mismos científicos?

De aquí nació un debate interesante, todavía por resolver: ¿penetrar hasta el fondo y llegar al Vostok (cuyos secretos prometen ser los más excitantes de la segunda década del siglo) con el riego de contaminarlo, o dejarlo como uno de los últimos espacios sin mácula del planeta? ¿Quién dijo que no quedaba ética en la ciencia?

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1 comentario

  1. Juan José dice:

    Muy interesante el artículo… Muchos misterios aún esconde nuestro planeta… Hay que reconocerle a los extintos sovieticos y al modo de producción y organización socialista que se intentó aplicar allí su esfuerzo por intentar comprender más el mundo en que vivimos.

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