El delfín Gaspar vuelve a las Rías Baixas

El delfín Gaspar es una celebridad y buena prueba de ello es que hasta tiene un perfil propio en Facebook. Claro que la fama es cosa ambigua y ambivalente: buena o mala, a veces sólo depende del prisma con que se mire a la persona, en este caso, al cetáceo.

Después de un tiempo desaparecido (de hecho corrieron bulos sobre su muerte), Gaspar ha regresado a las Rías Baixas, que es donde parece se siente más a gusto (lo que no nos sorprende en absoluto). Ha regresado, decimos, y lo ha hecho con su alboroto habitual y protagonizando un pequeño incidente que se suma a una ya no pequeña lista. La historia de este delfín es ciertamente original así que, con vuestro permiso, pasamos a referiros algunos de los contrastados datos.

A finales de 2007 se observó por vez primera la elástica silueta de Gaspar surfeando las costas gallegas. Poco a poco fue apareciendo de norte a sur, ya en Ribadeo, ya en la Costa da Morte, ya en la ría de Vigo, incluso visitando la bella Lisboa, quién sabe si con ganas de escuchar un buen fado que las voces tiernas de algunas avejentadas sílfides de la Alfama desde los balcones ofrecen, por igual, a solitarios, pensadores, chaperos, turistas y delfines.

Pero la simpatía natural que los cetáceos despiertan en el ánimo de la gente pronto hubo de matizarse a causa de las costumbres un tanto peculiares del delfín. El animal acompañaba a las embarcaciones de los marineros como si de un chucho se tratase, saltando fuera del agua, apresando cabos, tirando de las redes.

Todo esto no parece muy peligroso. Sin embargo, tanto fue el cántaro a la fuente que amenazó con romperla. En cierta ocasión, Gaspar se acercó a algunos buzos que trabajaban el puerto de Vigo más de lo que éstos hubiesen deseado, empujando a uno de ellos. No, no es que Gaspar haya dado muestras de un comportamiento agresivo. El peligro está en ese hábito de jugar o interaccionar con humanos que demuestra. Porque hablamos de un animal de más de tres metros y 400 kilos de peso. Un poco bruto sí que es.

El último episodio de lo que podríamos llamar “travesuras” de Gaspar ocurrió hace unos días en el entorno del puerto de Cangas. Se celebraba un campeonato de traineras, o de bateles (no somos expertos y no distinguimos, la verdad). Cuando una de las embarcaciones se acercaba a puerto tras la clasificación, apareció el bromista de Gaspar, inopinadamente, para golpear el batel.

Los remeros, a punto de zozobrar, se llevaron un buen susto. Uno de los bravos zagales intentó espantar al delfín aunque lo único que consiguió fue que Gaspar le recriminase el gesto, encarándose y destrozándole la pala. La cosa no pasó a mayores.

Y así de nuevo se abre el debate: ¿por qué se comporta Gaspar como se comporta? Los peritos en la materia no tienen dudas: sus acciones revelan un adiestramiento, posiblemente militar, en la vida pasada del cetáceo. A partir de aquí, la especulación tiene barra libre.

Una de las teorías, por ejemplo, apunta que el origen de Gaspar se encuentra en una base naval de la Florida. Tras el huracán Mitch, se nos asegura, la mayoría de delfines entrenados quedaron en libertad. Entre ellos, Gaspar. Y ahora acaso alguno piense con algo de malicia aquello de que yanki tenía que ser…

Foto vía: flickr

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