Leviathan melvillei, el cachalote asesino

Leviatan Melvillei

El pasado 30 de junio apareció en la edición online de la prestigiosa revista Nature un artículo sobre una sorprendente criatura marina de hace unos 13 millones de años. Sorprendente porque la criatura en cuestión es una especie de ballena o cachalote…¡con mandíbula de Tyrannosaurus Rex!

Call me Leviathan melvillei, así rezaba el título de dicho artículo, firmado por Janet Fang. Llámame Leviathan melvilleiLeviatán, como la bestia diabólica de la mitología fenicia mencionada por la Biblia (y que en realidad podría corresponderse con una especie de supercocodrilo), y melvillei por Herman Melville, autor de Moby Dick y uno de los grandes escritores en lengua inglesa del siglo XIX.

Por lo tanto: una ballena carnívora, de aspecto temible, reinó sin rival en los océanos de hace algunos millones de años. Para que os hagáis una idea, sus dientes medían poco menos de 40 centímetros, con un diámetro que superaba los 10 (coged una regla y veréis, veréis…).

Fragmentos del esqueleto fosilizado de este temible cachalote se encontraron hace ya bastantes meses en un desierto del sureste de Perú. Los restos hallados estaban en un estado de conservación al parecer inmejorable y los arqueólogos, con Klaas Post (del Museo de Historia Natural de Róterdam) a la cabeza, llegaron a pensar que aquellos formidables dientes eran en realidad colmillos de alguna especie de elefante.

Pero nada de eso. Como escribía Janet Fang poco después se les hizo claro a los investigadores que habían topado con un nuevo miembro en el catálogo histórico de especies ya extinguidas. En este caso, un nuevo cetáceo de grandes dimensiones (13-17 metros) y cuya característica tal vez más notable fuese la dieta.

Porque, en efecto, hoy día las ballenas no comen ballenas, ni los cachalotes se zampan a otros cachalotes. En cambio, el Leviathan melvillei es más que seguro que sí lo hiciese, y de entre los posibles primos que les servirían de comida, los científicos creen que las ballenas barbudas tienen todas las papeletas de haber sido su presa favorita (que no única).

Este hallazgo vuelve a confirmarnos esa vaga noción que todos tenemos de que cuanto más atrás en el tiempo nos desplazamos bichos más y más voraces y temibles nos salen al encuentro. Tal hecho podría movernos a ciertas reflexiones.

Por ejemplo, la de si al fin y al cabo no tendrían razón todos aquellos pensadores y filósofos que hasta hace bien poco creían que la vida en la Tierra se encontraba en fase descendente, decadente, siendo las criaturas cada vez más pequeñas y débiles, menos ágiles y veloces.

Pero a decir verdad eso no es exactamente así. Tal vez podríamos acabar con un símil de nuestro tiempo. La evolución tecnológica tiende a la eficiencia micro, ¿o no? Esto se refleja incluso en esa tecnología que se utiliza en la mayoría de hogares: televisiones, coches, móviles… los primeros televisores eran aparatos de dimensiones jurásicas, por no hablar de los móviles. Y así con todo.

Del mismo modo, pues, la evolución natural parece preferir las formas más pequeñas, cuya adaptabilidad, si a las pruebas nos remitimos, parece innegable. Y es que el hombre se cree tan ingenioso cuando en el fondo no hace sino copiar a la naturaleza.

Foto vía: nature-strangeworldofmystery

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