El pez «pata de pulpo», pez abisal en las costas gallegas

Pata de Pulpo

Las costas gallegas son propicias para las sorpresas. Si un día tenemos noticias de un animoso delfín del que se sospecha que haya recibido adiestramiento militar en una base naval estadounidense, o algún cazatesoros afirma haber encontrado los suculentos tesoros de cualquiera de los numerosos pecios diseminados por el litoral de Galicia, en esta ocasión se trata más bien de una curiosa pesca.

A bote pronto no parece que se pueda calificar de fauna exótica las especies marinas que pueblan los mares gallegos. O sí, porque la verdad es que centollos, bueyes, bogavantes o langostas, que tanto alegran las mesas de bodas y festejos, no dejan de ser unas criaturas bastante exóticas. Pero no nos referimos al marisco, que ya tenemos muy visto y degustado. En cambio, del pez “pata de pulpo” capturado hace unos días pocos habían oído hablar nunca.

El ejemplar de ljmaia loppei, o sea, el “pata de pulpo”, fue pescado hace unos días por un barco frente a costas coruñesas. Inmediatamente fue remitido al Instituto de Oceanografía, que tiene una sede en Vigo. Y así, escuchando la voz de los expertos, fue como los marineros y el público gallego en general vieron confirmadas sus intuiciones: que aquel pez estaba fuera de lugar.

Porque se trata de un pez abisal o semiabisal, cuyo hábitat es más propio de las aguas profundas del Atlántico africano. Su bizarro aspecto es, en efecto, el propio de las criaturas que viven a muchos metros por debajo de la superficie de las aguas. Notable cabeza, desdentado, nariz puntiaguda y bulbosa, de gelatinoso cuerpo libre de escamas y que remata en una alargada y puntiaguda cola.

El ejemplar capturado medía unos 140 centímetros. Pesaba más de cuatro kilos. Y aunque, como decíamos, se trata de una especie “foránea”, lo cierto es que el pez pata de pulpo no es completamente desconocido en estos mares. De hecho, es la tercera vez que aparece por la costa gallega en los últimos cuatro años.

¿Por qué sucede esto? No está claro. Posiblemente cambios en el juego de corrientes, en este caso cálidas, que animan los desplazamiento de masas de agua y la variabilidad de flora y fauna en los vientres marinos.

Aunque no falta quien, considerando las basuras que desde hace más de un siglo nuestra civilización regurgita sin pudor en el Atlántico (la última, el Prestige), vea en la aparición de esta extraña criatura una especie de “mutación por polución”. Si la idea no tiene rigor, la metáfora que la sustenta es válida: los muertos que nosotros matamos, gozan de buena salud… transformados en bestias.

Foto vía: farodevigo

Print Friendly, PDF & Email



Tags:



Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top