Macrocheira Kaempferi, cangrejo gigante japonés

Cangrejo Araña

En los fondos del Océano Pacífico, en las costas de Japón, entre los 150 y 800 metros de profundidad, vive una de las criaturas mas antiguas y extrañas que pululan por nuestro querido planeta: El Cangrejo Gigante Japonés (o Macrocheira kaempferi).

Este decápodo, perteneciente a la rama de los Cangrejos Araña, es un auténtico fósil viviente y es el mayor artrópodo vivo del mundo. En un ejemplar adulto (totalmente desarrollado), la longitud entre los extremos de sus patas extendidas puede alcanzar los 4 metros. Su peso puede variar entre los 18 y los 22 kg y son extremadamente longevos, pudiendo llegar a los 100 años.

De un vivo color naranja y moteado en blanco (sobre todo en las patas), el cuerpo del cangrejo gigante puede medir entre 30 y 40 centímetros. Posee dos ojos compuestos en la parte frontal, así como dos pequeños cuernos, que se van atrofiando a medida que el ejemplar crece. Las patas que portan las pinzas son las mas largas y posee (en todas) unos pequeños pelos, sensibles a las vibraciones sonoras submarinas. También posee un curioso sistema de camuflaje, llevándose encima restos que va encontrando por el fondo (cambiando de «vestimenta» según el entorno en que se encuentre.

Estos cangrejos, aunque se pueden encontrar a mayores profundidades, sienten preferencia por establecerse entre los 200 y los 400 metros, y suelen realizar el desove a unos 50 metros (su captura está prohibida durante ésta época). Su dieta se basa en el consumo de peces muertos y medusas. Los pescadores usan redes de arrastre para capturarlos, para luego cocerlos al vapor o saltearlos. Su carne es muy apreciada en las bahías de Tosa, Sagami, Izu y Suruga.

En los últimos años, su pesca se ha reducido debido al efecto de varias iniciativas para proteger la especie. Incluso en Wakayama se les recoge de aguas poco profundas (durante la primavera) con el fin de criarlos en cautividad.

En definitiva, una criatura espectacular y a la vez escalofriante, que no debemos permitir que se pierda. Una reliquia del pasado, que merece una oportunidad de ver el futuro.

Foto Vía: insolitanaturaleza

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